Cuando empezó a hablarse de crisis, y las sombras del pesimismo crecían alargadas, nosotros nos volvimos optimistas. Pensamos: hay una crisis, y nadie discute que se debe a los excesos del liberalismo, a la falta de control por parte del estado de los mercados financieros e inmobiliarios.
Esta vez, la culpa estaba clara para todo el mundo, sin discusión. Bien, pensamos, del mismo modo que parecía absurdo declararse de izquierdas desde la caida del muro (por que vence lo que funciona y si ha vencido el capitalismo, es que es bueno, y la izquierda mala, nos dijeron), ahora que el liberalismo a ultranza ha demostrado sus carencias, no parecerá tan estúpido criticarlo...
Pensamos que era un buen momento para la izquierda, para retomar la iniciativa en los debates idiológicos, pensamos que era un buen momento para replantearse las reglas económicas, pensamos que era un buen momento para replantearse la estructura de la economía española, basada en el tocho, el coche y en el turismo de botellón... pensamos, pensamos... y fuimos optimistas, una vez más, fuimos ilusos.
Los primeros discursos de los lideres mundiales iban en ese sentido: Obama, Brown, incluso el inefable Zapatero hablaban de más reglas, de nuevas estructuras económicas, incluso de imaginación... pero todo eso se quedó en palabras.
La realidad es mucho más prosaica, menos imaginativa. Las únicas medidas reales que ha tomado el gobierno zapatero son:
-Dar dinero a los bancos para que tapen sus agujeros, sin comprometerles a nada. Es la primera vez que vemos como alguien recibe tanta pasta sin ninguna condición.
-Dar dinero al tocho, sin más, a través de los planes municipales.
- Dar dinero a la industria del automóvil, que a largo plazo, según dicen sus propios amos, no es viable en nuestro país...
Es decir: más de lo mismo.
Sin embargo, la izquierda no ha propuesto ninguna alternativa sólida, seria, completa. Nos queda solo el eslogan de ICV en las europeas: Crisis de dretes, solucions de esquerres... pero o no han sabido, o no han podido transmitir algo más que esa frase, y una frase no hace un discurso, como una rosa no hace primavera.
Nosotros, modestamente, llevamos tiempo también intentando aportar alguna solución, y como era previsible, no hemos llegado a ninguna.
Sin embargo, leyendo "Los hombres que no amaban a las mujeres", de Stieg Larsson, hemos visto en sus páginas, al menos una medida, parcial, solo moral, pero que podría ser un buen camino. En esta novela, uno de los protagonistas, Mikael Blomkvist, ha escrito un libro donde critica duramente a los periodistas de economia. Plantea que sería inconcebible que un periodista de política publicase las declaraciones de los políticos, sin más, sin criticarlas y sin criticar a esos políticos. Pues bien, dice, eso es precisamente lo que hacen los periodistas económicos: publicar los balances de las empresas, sus beneficios, hacer alabanzas a los grandes lideres empresariales: poco más.
Si en lugar de eso, estudiasen los movimientos de las empresas, de donde sale su dinero y a donde va, nos enseñaran las caras de los que especulan para que pudieran sufrir el oprobio público, algo comenzaría a cambiar, sin duda.
De acuerdo, esto no los haría someterse a ninguna ley, a ningún reglamento, pero si Punxet está en lo cierto sobre los factores que dan la felicidad, uno de los más importantes es el reconocimiento público. Si estos especuladores de medio pelo, que pueden ser listos pero no necesariamente inteligentes, sufrieran el escarnio público porque sus andanzas son bien conocidas, quizá no serían tan felices, y quizá se lo pensarían un par de veces.
En fin, esto es desde luego un esbozo, propongo crear un foro sobre este tema en nuestro blog: www.lafraguaweb.org para seguir discutiendo el tema.
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miércoles, 8 de julio de 2009
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